4/08/2008

Libros: Slow Man

Slow Man

de J. M. Coetzee

Coetzee no deja de sorprender con el dominio de sus registros literarios. En su último libro cincela con una narrativa transparente, cruda y precisa a Paul Rayment, un personaje egocéntrico y pasivo que a media novela es cuestionado fríamente por su propio autor, a su vez otro de los personajes literarios del Premio Nobel 2003: Elizabeth Costello.
Paul tiene un accidente en su bicicleta, el médico decide amputarle la pierna arriba de la rodilla; si hubiera sido un hombre más joven habrían intentado una reconstrucción, pero a su edad ¿para qué? No se toman la molestia. Y después de eso ¿Qué sigue en la vida para un hombre de 60 años, disminuido, desinteresado ya por el sexo per se, desapegado por triunfos que carezcan de contacto humano y con una actitud reflexiva pero en contra de la alegría de vivir? Si bien Paul ha sido un hombre regido por el camino del bien, tampoco ha hecho nada extraordinariamente bueno. No hay ningún rastro detrás de él, no hijos, nada demasiado importante; si acaso su trabajo como fotógrafo a lo largo de su vida, pero no es suficiente.
Durante su recuperación aparece Marijana, una pragmática enfermera de origen croata, casada y con tres hijos. Mientras Paul busca el modo de conquistar su afecto, —amor puro, cariño o cualquier sentimiento que pueda arrebatarle—, la escritora Elizabeth Costello, desafiante y mordaz, entra en su casa, en la historia y la va modificando mientras reta a Paul y le da un ultimátum para retomar las riendas de su vida, novela, circunstancia.
La condición de seres humanos en sus puntos más sensibles; la vejez, la incansable reflexión a las muchas vidas en un sólo mundo, son abordadas por Coetzee con voz clara y sin tapujos.
Slow Man es una historia sobre el amor, la soledad y la mortalidad, entre otros recovecos de la complicada misión de ser hombre, que deslumbra en casi todas sus páginas.

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